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c. Control constitucional del plazo razonable

 

Control constitucional del plazo razonable

 

 

Edwin Figueroa Gutarra[1]

 

I. Conceptos previos. II. ¿Hasta dónde llega la razonabilidad?  III. El control constitucional como elemento de análisis de un derecho fundamental. IV. El derecho al plazo razonable como derecho fundamental. V. Un necesario examen jurisprudencial sobre plazo razonable. V.I. STC 3509-2009-PHC/TC Caso Chacón Málaga. V.II.I. Críticas a la STC 3509-2009-PHC/TC. V.II. STC 06079-2008-PHC/TC. Caso Abanto Verástegui. VI. El plazo razonable en el ámbito interamericano. A modo de conclusión

 

I. Conceptos previos

El discernimiento material sobre el plazo razonable en los procesos constitucionales de la libertad, y por extensión, la restricción en general de la libertad personal en cuanto se refiere a los procesos de habeas corpus que deben definir el nivel de eventuales vulneraciones en los procesos penales de la jurisdicción ordinaria, es objeto aún de encontradas posiciones en nuestro ordenamiento jurídico, fundamentalmente en cuanto se refiere a pronunciamientos jurisdiccionales del Tribunal Constitucional, órgano desde el cual el fenómeno de irradiación hacia todo el sistema, adquiere una fisonomía de relevancia jurisprudencial en tanto sus decisiones de naturaleza vinculante impregnan las resoluciones de la justicia ordinaria, determinando o bien líneas jurisprudenciales en genérico, o formando, progresivamente, interpretación constitucionalmente vinculante.

Es nuestro propósito efectuar algunas inferencias de relevancia respecto a los parámetros que bien puede brindarnos una idea más consistente del concepto sustantivo de plazo razonable, desde una óptica constitucional de defensa del derecho fundamental a la libertad personal y en especial a través de pronunciamientos del Tribunal Constitucional que han trazado algunas líneas directrices sobre plazo razonable. En ese orden, tales ejecutorias nos brindan un marco de referencia sobre el intento de afianzamiento de líneas jurisprudenciales que por cierto, y ello lo manifestamos con un margen de preocupación, no han sido uniformes, en tanto las posiciones en contrario que reflejan respecto a otros pronunciamientos, dirigen un mensaje por cierto poco claro para la justicia que imparten los jueces de la jurisdicción ordinaria. 

De otro lado, parte de nuestro análisis alude al contexto supranacional en el cual solo existen criterios directrices para una aplicación más objetiva del plazo razonable, en especial el caso Suárez Rosero v. Ecuador, pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Corte IDH, el cual esboza sobre cuáles parámetros debe estimarse la configuración de una afectación al derecho fundamental al plazo razonable.

 

II. ¿Hasta dónde llega la razonabilidad?

Un examen constitucional del plazo razonable exige, desde una primera óptica, sentar las bases conceptuales de la razonabilidad, tarea por cierto compleja por cuanto no existe consenso sobre parámetros determinados de la misma. La razonabilidad en estricto no puede ser definida de manera taxativa. Razonabilidad sugiere un esquema de aceptabilidad y debe ser asimilada por oposición a un esquema de racionalidad, que constituye en rigor una particularidad de la norma jurídica, en sentido coercitivo. Bajo esta pauta, el esquema kelseniano de seguridad de la norma jurídica deviene entendible, pues el constitucionalista austriaco pretendía ” blindar” la aplicación de la norma, desde la perspectiva de que el derecho debía igualmente entenderse como un producto puro, ajeno a otras disciplinas que en suma solo lograban contaminar la idea del Derecho, y por extensión, de la norma. Es de esta forma que el positivismo jurídico, en cuanto disciplina, logró el aserto de establecer un halo de certeza en la aplicación del Derecho, consagrando la ley como supuesto de aplicación de las controversias jurídicas. En ese sentido, comenta Javier García[2]: “Hay logros indiscutibles del positivismo jurídico, como son el rigor científico, la comprobación empírica de los datos, la exclusión de los juicios de valor y metajurídicos, el método inductivo, etc.” Resultaba comprensible pues que el ciudadano de a pie buscara certeza, seguridad y objetividad en la resolución del conflicto y en esa brega, el positivismo jurídico y la teoría pura del Derecho, lograron avances considerables.

Sin embargo hoy, en los albores del siglo XXI, en una etapa en la cual el Estado Legislativo ha sido superado in extenso por el fenómeno de la interpretación constitucional, poco aporta el positivismo jurídico para una mejor comprensión de las controversias jurídicas, sobre todo cuando la Constitución es reconocida como una supra norma, sujeta a herramientas interpretativas como la ponderación y el principio de proporcionalidad, las cuales superan el concepto aplicativo de la norma como elemento de única referencia para la solución del conflicto.

Es aquí donde la razonabilidad desarrolla un rol importante pues frente a la insuficiencia manifiesta del positivismo jurídico para la resolución de conflictos complejos, en los cuales ya no solo se discute normas sino principios, se hace necesario introducir criterios axiológico- normativos de los derechos fundamentales. De un lado, la norma denotará siempre un mandato, un hacer o en su caso, un no hacer, y bajo esa idea, entendemos el sentido de un componente racional, el cual alude a la “razón” del precepto normativo, ciñéndose al esquema de un silogismo jurídico en el cual la premisa mayor es la norma, la premisa menor el hecho fáctico que identifica el problema, y la conclusión está a su vez representada por la decisión que pone fin al conflicto. Distinta es la esencia del derecho fundamental o principio, cuyo componente axiológico o valorativo, se traduce en la ausencia de una fuerza coercitiva inmediata de racionalidad y que más bien, expresa razonabilidad como un componente valorativo de aceptabilidad.

La lógica de los derechos fundamentales, por consiguiente, es distinta al postulado positivista de seguridad del juicio jurídico normativo. Desde esa perspectiva, la razonabilidad, como expresión central sustantiva de los derechos fundamentales, esto es, los principios en su dimensión constitucional, se opone al panorama de ausencia de normas aplicables, lo que en buena cuenta nos lleva también al sustento de la idea de que el Derecho Constitucional y en particular la interpretación constitucional que esboza la razonabilidad como emblema aplicativo, es propiamente una teoría de la integración, no en estricto sobre la idea de contexto amplio de Rudolf Smend, sino en cuanto los vacíos y lagunas de la interpretación constitucional, son colmados a través de los tests de razonabilidad impulsados por aquel que adopta la decisión de fin de la controversia, es decir, el decisor constitucional. Sin embargo, resulta necesario diferenciar la razonabilidad del margen irrestricto de discrecionalidad interpretativa. Ésta es irrazonabilidad, simple juicio de arbitrariedad, o un concepto jurídico indeterminado de vaga entidad, en tanto solo expresa un decisionismo jurídico sin mayor sustento que el sentido perceptivo del intérprete. La razonabilidad, por el contrario, apela a la prudencia del intérprete constitucional en su dimensión normativo- axiológica.

La razonabilidad goza de un margen normativo, en tanto no se aplica por simple oposición a la ausencia de la norma, pues de ésta asume un carácter de proposición de fuerza a fin de convertirse finalmente, al ser adoptada la decisión, en un mandato vinculante para las partes en conflicto. Resultaría claro a este respecto, por cierto, que sin fuerza de mandato en una sentencia, la razonabilidad solo constituiría la expresión de un simple deseo o juicio de valor no coercitivo. Por otro lado, la razonabilidad adelanta en su dimensión axiológica, también, la identificación del principio de dignidad de la persona humana como componente valorativo de todo juicio constitucional. Se trata, en suma, de esquemas propositivos y de aceptabilidad, fundados en el juicio axiológico de un derecho fundamental, el cual exige una diferenciación sustantiva con relación al postulado racional de la norma jurídica.

Una cuestión frontal a dilucidar respecto a la razonabilidad es: ¿qué es lo propositivamente razonable? ¿Cómo medir un juicio de razonabilidad en un proceso constitucional? Luis Recasens Siches[3] elaboró una doctrina jurídica sobre la lógica de lo razonable, proponiendo la solución más justa para resolver un conflicto. Acota el maestro Recasens que “si sentimos que hay razones, entonces estamos en el campo del logos”, y que el único método válido y lógico es la aplicación del “logos de lo razonable”. De otro lado,  Perelman[4] juzga que “lo racional gira en torno a lo idea de lo absoluto y divino (…) y que lo razonable se constituye como lo socialmente aceptable, y es definido, por tanto, en razón de eficacia””.

De lo señalado podemos destacar la inferencia de Recasens en el sentido de identificar razonabilidad con justicia, y en rigor, ello implica un juicio de equidad cuyo sustento viene a ser distinto a aquel que expresa el juicio aplicativo de la norma jurídica. Sin embargo,  ¿Es la razonabilidad solo equidad? A juicio nuestro, no, por cuanto la equidad y la aceptabilidad solo constituyen un referencial punto de partida del juicio de razonabilidad. En sede constitucional, resulta exigible la construcción de la decisión, en los casos que corresponda, desde los estándares que informan los juicios de ponderación y proporcionalidad[5], los cuales van a conferir un criterio de sistematicidad científica a la decisión. Desde otro ángulo, habrá casos en los cuales la aplicación del test de razonabilidad tendrá lugar desde la posición de la jurisprudencia vinculante del Tribunal Constitucional. 

Resulta importante, entonces, establecer una primera conclusión: no podemos definir con márgenes de taxatividad, cuál es el criterio de rigor material de la razonabilidad. Difícilmente podríamos decir, en vía de ejemplo, en un caso concreto sometido a la jurisdicción constitucional, que cinco años es un plazo razonable si de suyo concurren numerosas circunstancias fácticas que inducen a tratar con márgenes de complejidad una controversia; o bien, que un año puede resultar a su vez irrazonable en calidad de plazo si no concurre criterio coadyuvante alguno de complejidad. Para ello, necesitamos guiarnos de los criterios marco que aporta la jurisprudencia constitucional, en especial de la interpretación que hace el supremo intérprete de la Constitución. Sin embargo, ¿qué sucede cuándo dichos criterios marco no son coherentes entre sí? He aquí una dificultad difícil de salvar, resultando que el intérprete construya su decisión en base al nivel argumentativo, interpretativo y de motivación que cada caso pueda aportar. Y aún así, la existencia de criterios disímiles o en estricto, la dificultad de identificación de una línea jurisprudencial uniforme, genera que el intérprete solo opte por adherir su criterio a aquella decisión jurisprudencial que más se acerque al conflicto en examen, en la cual las características de hecho sean más similares al juicio fáctico en examen. No obstante ello, notemos que importa un escenario distinto, la existencia de una sólida línea interpretativa que a su vez sea predecible. En este orden de ideas, predictibilidad y jurisprudencia uniforme, constituyen caracteres indesligables de una óptima impartición de justicia constitucional. 

III. El control constitucional como elemento de análisis de un derecho fundamental

El concepto de control resulta de relevancia en el contexto constitucional en la medida que no existen zonas o espacios exentos de control. A este respecto resulta necesario no confundir la extensión de la autonomía de las decisiones de la Administración, de los actos inter privatos o de las relaciones jurídicas existentes en el ordenamiento jurídico. Todas estas figuras quedan sujetas a un eventual control inicial de la norma jurídica en sentido convencional, mas por excelencia, el control constitucional es aquel que se desarrolla desde una perspectiva de necesaria valoración de compatibilidad de dichos actos u omisiones con los principios, valores y directrices que constituyen los postulados de una Carta Magna. Bajo esta pauta, no es invocable en rigor un concepto de autonomía per se, a efectos de invocar la no exigencia de una decisión de control constitucional[6].   

El control constitucional constituye, por otro lado, un tema de encontradas posiciones por cuanto representa un debate de suma actualidad entre la posición positivista tradicional para la cual la preeminencia de la norma es una premisa de rigor, y el concepto amplio de interpretación constitucional sin mayor sujeción que el self – restraint aplicable para el órgano de máxima jerarquía que imparte control constitucional. En ese contexto, dos posiciones de interpretación de la norma tienen lugar: la del método literal, propugnado por la Escuela Histórica del Derecho de Federico von Savigny, para la cual la seguridad del sistema positivista se expresa en el texto claro, expreso y objetivo de la norma, respecto del cual no puede ir más allá el intérprete, y la franja de los principios constitucionales que en posición de Konrad Hesse[7], son los siguientes: de unidad de la Constitución, de concordancia práctica, de corrección funcional, de función integradora y de fuerza normativa de la Constitución.

El debate sigue siendo de suma actualidad en tanto la posición de interpretación literal del derecho maneja la herramienta de una certeza racional, de una expresión del espíritu estricto de la norma, y no le falta razón a esta corriente de pensamiento cuando asumimos que la norma debe ser racional, asumir fuerza coercitiva y brindar un margen de certeza en su aplicación. Y más aún, en la posición kelseniana, la Constitución es una norma de alto rango en la pirámide del ordenamiento jurídico, más solo representa un concepto aplicativo de certeza. Dicha posición no nos brinda mayores herramientas, a excepción del blindaje que caracteriza a la norma y de la cual el intérprete no se puede sustraer.

Por oposición, el concepto de interpretación amplia, de prevalencia de los principios constitucionales resulta de contexto mucho mayor, en tanto la labor del control se ejerce a través de una revisión de las decisiones de los sujetos e instituciones en el ordenamiento, persuadiéndonos de la insuficiencia de la norma para establecer contenidos conceptuales definidos en cuanto al esclarecimiento de causas complejas, que atañen a derechos fundamentales, escenario en el cual la colisión de principios supera el conflicto de  normas[8]. En ese orden de ideas, el silogismo jurídico aristotélico resulta una herramienta aplicativa para la solución solo de cierto tipo de conflictos, aquellos que caracterizan la jurisdicción ordinaria y sin embargo, corresponde hacer notar que son los controversias de la justicia constitucional, aquellas que revelan una complejidad mucho mayor, en la medida que tenemos presente el valor de la norma jurídica pero de igual forma, no podemos soslayar la insuficiencia de la misma en el momento de construir las decisiones que van a zanjar el problema.

En ese razonamiento, la interpretación constitucional amplia resulta una forma de control que acude a los postulados racionales de la norma jurídica pero al mismo tiempo, consagra la aplicación de otros rangos y herramientas de interpretación, con lo cual se produce el trasvase de la concepción tradicional interpretativa de la norma jurídica, para ubicarnos en un escenario en el cual las decisiones de legislador, de los jueces, de las autoridades de la Administración, del Poder Ejecutivo, etc.,  pueden ser objeto de un control constitucional que no resulta per se irracional, sino que utiliza una perspectiva de razonabilidad, para en base a ella propugnar una solución compatible con los principios, valores y directrices de una Constitución, los cuales en esencia constituyen un bagaje de preceptos constitucionales que son fuente de Derecho.

¿Y quien controla al controlador o a quien ejerce funciones de control?  El asunto es de por sí complejo mas prima facie, corresponde que en aplicación del principio del self- restraint, o de auto limitación, todo Tribunal Constitucional o Corte Constitucional autónoma, pueda dirimir con suficiencia el ejercicio de sus facultades de impartición de justicia constitucional. A este respecto, es necesario entender la posición de Jorge Carpizo[9] cuando enuncia “Más allá de los límites que el Tribunal (Constitucional) tiene como cualquier órgano de poder, resulta muy importante que sepa autolimitarse, es decir, el self-restraint, que el activismo judicial no sea desbordado, que aplique con prudencia las técnicas de la interpretación constitucional, que jamás pretenda usurpar funciones que la Constitución atribuye a otros órganos, que siempre tenga presente que está interpretando la Constitución, no creando una filosofía o moral constitucionales.

Bachof[10] hace un aporte de importancia a esta idea, de igual forma, al señalar: “La Corte ha necesitado conquistar su actual posición con mucho trabajo y con muchas resistencias. Que lo haya logrado radica, y no es la menor de las razones, en que con sabia autolimitación haya entendido correctamente trazar las fronteras entre derecho y política. “

Las posiciones manifestadas implican una forma de control constitucional que se precia de ser eficiente, que no concurre en manifiestos excesos de competencias, y he aquí la importancia de que los Tribunales y Cortes Constitucionales autónomas construyan una argumentación solvente, ordenada y fundamentada de sus decisiones, y ello también está en función de las competencias personales de sus integrantes. Esta idea nos lleva al escenario de una necesaria designación de integrantes con la mayor idoneidad posible y de la definición de garantías que a su vez consoliden mecanismos valederos de designación, en la medida que la labor de control que han de desarrollar los jueces constitucionales, ha de implicar decisiones trascendentes en todo contexto democrático, y de allí la trascendencia de efectuar una idónea y delicada labor de control pues es en democracia donde los órganos y jueces constitucionales pueden ejercer a cabalidad sus delicadas funciones. Ya Norberto Bobbio, el filósofo de la democracia, señalaba respecto a la importania de la democracia: “Senza diritti de l’uomo riconosciuti e protetti non c’è democrazia; senza democrazia non ci sono le condizioni minime per la soluzione pacifica dei conflitti.”[11].  Y es precisamente la democracia el estatus en el cual las labores de control pueden efectuarse inter-órganos de modo más eficaz, dadas las restricciones al ejercicio de los derechos fundamentales en los regímenes totalitarios o de relativo y gris reconocimiento de los derechos constitucionales en otro tipo de Estados no democráticos.

Es nuestra posición que en un régimen democrático en el cual la solidez de las instituciones sea manifiesta, no debe ser objeto de rechazo la actividad del control constitucional. Y si existen diferencias con esa actividad de control, pues existen los mecanismos democráticos, igualmente válidos, que a su vez deberán ejercer actividad revisoria respecto a los actos de control manifestados. Bajo esa posición de tolerancia, no resulta contextualmente admisible la propuesta de desaparición de los órganos constitucionales por discrepancias con sus decisiones jurisdiccionales sino por el contrario, cada estamento no debe estimar disminuida su institucionalidad por un pronunciamiento y más aún, los mecanismos en democracia señalan que cierto tipo de pretensiones pueden ser llevadas al escenario de la justicia supranacional, que en rigor representa la decisión final respecto a una controversia sobre derechos fundamentales.    

 

IV. El derecho al plazo razonable como derecho fundamental

La identificación de los derechos fundamentales resulta una tarea trascendente en los procesos vinculados a la justicia constitucional, en tanto ésta representa una distinción relevante respecto de las controversias de la justicia convencional, la cual dirime pretensiones caracterizadas usualmente por la existencia de conflictos normativos, en tanto que la justicia constitucional discierne sobre el fenómeno de colisión entre principios y derechos fundamentales.

Resulta necesario aquí distinguir, de manera puntual, algunas precisiones sobre la justicia constitucional y la justicia ordinaria, en tanto es una posición de crítica[12] que la primera desconoce la labor de los jueces que imparten justicia también constitucional en el seno de los conflictos denominados ordinarios, y que por tanto, constituye una indebida atribución conceptual denominar justicia constitucional a una especie de supra justicia, atribuible solo al Tribunal Constitucional.

En nuestra opinión, existe un error conceptual sobre el sujeto aplicador, pues la justicia constitucional no es ni un supra poder ni constituye una manifestación de supra justicia, en tanto la misma solo dirime conflictos, esencialmente constitucionales, que suponen la afectación de derechos fundamentales, sea cual fuere el órgano que debe examinar el conflicto constitucional. En adición a ello, la justicia constitucional es potestad aplicativa tanto de los jueces del Poder Judicial como del Tribunal Constitucional, reservándose para estos últimos, de modo exclusivo, los conflictos de control normativo, como son los procesos de inconstitucionalidad y competencial. Y en ese orden de ideas, el control difuso, como potestad aplicativa de todos los jueces del Poder Judicial, representa en rigor una expresión plena de justicia constitucional. Por ende, resulta necesario entender esta diferenciación de escenarios, bajo una percepción mucho más amplia de la justicia constitucional, la cual sí va a resultar revisoria de las decisiones de la justicia ordinaria[13], mas solo desde la perspectiva de la vulneración flagrante, grave y elevada de un derecho fundamental.    

En cuanto al examen del derecho al plazo razonable como un derecho fundamental, es pertinente señalar que el debido proceso, en su calidad de derecho continente,  comprende el derecho a ser juzgado en un plazo razonable, bajo un esquema de inclusión implícita, esto es, el goce del derecho al plazo razonable solo puede entenderse y gozarse si se materializa el ejercicio sustantivo del derecho al debido proceso.

Aquí resulta importante fijar ya como premisa de trabajo que no podemos fijar una perspectiva de plazo razonable si no entendemos su aplicación desde la conjunción de tres requisitos procedimentales: actividad procesal del interesado; conducta de las autoridades judiciales, y la complejidad del asunto[14]. El examen exige ser integral pues la valoración del plazo razonable solo desde un ítem de los descritos, denota una insuficiencia manifiesta de valoración, y por cierto, de ser así, la decisión del intérprete resultaría incompleta en su plano argumentativo.

 

V. Un necesario examen jurisprudencial sobre plazo razonable

Nos persuadimos de que no podemos armar un esquema conceptual de la razonabilidad si no aludimos a la evolución de la jurisprudencia constitucional y a los criterios de valor que desde la misma, han venido sentando una mayor aproximación al concepto de razonabilidad.

Advertimos, como hemos señalado supra, que este ejercicio resulta complejo en tanto que la sola existencia de juicios jurisprudenciales de naturaleza contrapuesta, no resulta apropiada para una materialización óptima del plazo razonable. Sin perjuicio de ello, esta insuficiencia de campo no debe ser obstáculo para que reseñemos un conjunto de decisiones jurisdiccionales que bien pueden aportar, a pesar de sus contradicciones, a la construcción progresiva del concepto de plazo razonable, sin perjuicio manifiesto de las discrepancias que democráticamente podamos formular.    

 

V.I. STC 3509-2009-PHC/TC.  Caso Chacón Málaga

El caso del ex general Walter Chacón Málaga[15], un proceso de habeas corpus interpuesto contra un proceso judicial en trámite, representa uno de los casos más controversiales de los últimos años en materia de plazo razonable, en tanto dicha decisión revistió finalmente, para un sector amplio de la comunidad jurídica, más posiciones de conflicto que certeza jurisprudencial, principalmente por cuanto jurisprudencia anterior[16] ya había inclinado la posición de que el solo transcurso del tiempo no constituía infracción al derecho fundamental al plazo razonable, sino que de ponderarse con solvencia el elemento “actividad procesal”, la demora de la causa y la eventual infracción al principio al plazo razonable, podía eventualmente constituir una situación de infracción funcional, imputable al juez a cargo del proceso en la justicia ordinaria, antes que involucrar una decisión estimatoria respecto a que el solo transcurso del tiempo bastaba para estimar una demanda constitucional.

Figura relevante la constituye, en el caso en comneto, la determinación procedimental del derecho al plazo razonable desde la jurisprudencia constitucional[17], la cual sigue los preceptos guía establecidos por la justicia supranacional, en tanto resulta exigible determinar pautas de ejecución para el examen constitucional del criterio del plazo razonable.

Como premisa base, el Tribunal Constitucional determinó que se había producido afectación al derecho fundamental al plazo razonable al haberse extendido a poco más de ocho años la duración del proceso[18], entre audiencias y diversos actos procesales, situación que afectaba la libertad personal del favorecido Chacón. A juzgar por el contenido de la decisión, el plazo fue el elemento decisivo para estimar la demanda.

Partiendo de la premisa del excesivo plazo en la causa judicial en comento, el Tribunal Constitucional amparó la demanda y ordenó finalmente la exclusión del proceso del General Chacón, decisión que a su vez generó una serie de reacciones[19] que es menester en las ideas subsiguientes determinar. 

La sentencia en examen contempla, como dimensiones de infracción al plazo razonable, una exigible revisión de los conceptos de complejidad[20], actividad procesal de las partes[21], y conducta de la autoridad judicial[22]. Como consecuencias de esta infracción[23], señala la necesidad de revocar la autorización con que cuenta el Estado para perseguir penalmente, y fundamentalmente centra la idea en la pérdida de una legitimidad punitiva, derivada del quebrantamiento de un derecho individual de naturaleza fundamental. Considera el Tribunal que ha existido un estado de sospecha permanente que no puede ser justificado en modo alguno, pues tal circunstancia rompe los principios del Estado Constitucional.   

 

V.II.I. Críticas a la STC 3509-2009-PHC/TC 

La decisión del Tribunal mereció diferentes objeciones que es necesario puntualizar desde la perspectiva del razonamiento propiciado por la propia sentencia. Un estudio de Justicia Viva[24] resulta ilustrativo respecto a algunas facetas que nos parece pertinente dilucidar y que planteamos como interrogantes, siguiendo las pautas de dicho enfoque:

1. ¿No fue el proceso penal materia de comentario de alta complejidad[25] por la cantidad de procesados y por la naturaleza de los delitos juzgados[26]?

A juicio nuestro, sí se configuraban circunstancias de complejidad, las cuales en conjunto permitían asumir que el supuesto de razonabilidad autorizaba la extensión del plazo o la fijación, de oficio, de un plazo perentorio para la conclusión definitiva del proceso en curso. Esta segunda alternativa inclusive se perfilaba como la más apropiada en el caso de autos, en aplicación del supuesto de una aproximación material del plazo razonable, esto es, el proceso en comento debía concluir sin más extensión que la inherente al conjunto de actos procesales necesarios para la expedición de la decisión final.  

2. ¿No se encontraba el procesado Chacón con comparecencia restringida? En tal sentido, ¿no correspondía señalar como medida menos gravosa comparecencia simple?

La pretensión del favorecido opta por la declaración de nulidad[27] de diversos actos procesales. Sin embargo, dentro del criterio de ponderación de intereses[28], que hubiera podido aplicarse en el caso en comento, y de la elección técnica de una medida menos gravosa frente a la gravosidad de la conclusión de la investigación respecto al accionante, resultaba plenamente compatible que si era estimatoria la decisión final, pudiera haberse aplicado un régimen de comparecencia simple, como medida que respondía al examen de necesidad que exige el juicio de ponderación. En términos de congruencia procesal, podemos opinar que el Tribunal optó por la aplicación del principio de elasticidad constitucional[29], aunque sin una fundamentación en rigor concluyente.

Veamos un detalle adicional: el Tribunal declaró la exclusión de Chacón Málaga del proceso, adquiriendo dicha exclusión los efectos de un perdón de la pena. A su turno, los otros coencausados, no excluidos del proceso en tanto solo Walter Chacón interpone el proceso de habeas corpus, son a su vez sentenciados[30], información que resulta de suma relevancia en tanto una aproximación al juicio de valor condenatorio aplicado por la Sala Penal, nos informa que, por vinculación y predictibilidad, hubiera sido probable que al beneficiario del habeas corpus, se le hubiere aplicado la misma pena.     

3. ¿La actividad procesal de los encausados en este caso atentó contra los fundamentos de un proceso célere?

No nos asiste duda al sostener que el derecho de defensa resulta irrestricto en tanto debe propiciarse que los actos del abogado defensor sean maximizados en procura de consolidar el principio de presunción de inocencia. Sin embargo, cuando las condiciones de ejercicio profesional en vez de optar por una defensa formal y material, ceñidas a una observancia de las reglas procesales que informan un proceso independiente, son quebrantadas por estrategias procesales contrarias a los deberes de buena fe que impone la defensa, creemos que sí amerita tenga lugar una extensión fundamentada del plazo de investigación y procesamiento[31]. En el caso en comento, las prórrogas propias de la actividad procesal a petición de la defensa, no conducen con certeza a asumir que hubiera podido configurarse una vulneración sustancial del derecho al plazo razonable, fundamentalmente por cuanto resulta incongruente que tras ser propiciada una mora procesal, dicha circunstancia sea luego invocada en beneficio propio.

4. ¿Es el transcurso del tiempo una dilación indebida strictu sensu?

En definitiva creemos que no por cuanto resulta necesario el examen de la actividad procesal de las partes y la conducta de las autoridades judiciales, como supuestos concurrentes de la razonabilidad del plazo. En ausencia de dichos elementos, creemos que el juicio de valor del intérprete ya adolece de una base de sustanciación. En adición a ello, el sistema interamericano ha sentado las premisas de que resulta necesario el examen conjunto de requisitos del plazo razonable para una adecuada decisión estimatoria.

En consecuencia, deviene en una condición de insuficiencia argumentativa estimar la sola valoración del plazo para estimar una demanda constitucional. Ya la Corte Suprema se ha pronunciado en este extremo señalando: “la dilación indebida no solo exige que se rebasen los plazos procesales en las actuaciones, sino requiere que el retraso sea injustificado en relación a la complejidad de la causa no imputable al imputado…”[32]

5. El paso del tiempo ¿disminuye la culpabilidad?

Nuestra respuesta es igualmente negativa en tanto el tiempo no es un fundamento suficiente para una exclusión de responsabilidad, de cara a un proceso penal. No obstante ello, la formulación de esta interrogante no debe dejar sin respuesta otra cuestión vinculada al concepto de plazo y que resulta una inferencia de nuestra posición: si a juicio nuestro, no obstante que el plazo de ocho años y meses del caso Chacón, no resulta requisito suficiente para declarar fundado el proceso de habeas corpus interpuesto, ¿entonces sí sería una afectación al plazo razonable un lapso de diez años de investigación? O vayamos un poco más allá: ¿sería quince años un plazo suficiente para que per se sea estimable un proceso constitucional de tutela urgente?[33] Creemos que aún cuando exista un plazo extenso, igualmente será necesario el examen de los otros dos requisitos referidos a la actividad procesal de las partes y la conducta de las autoridades judiciales, ello en cumplimiento de un estándar ya prefijado por la justicia supranacional. No hacerlo denota, insistimos, la omisión de requisitos de valoración que desde la justicia supranacional ya se exige considerar en el plano de emisión de la decisión.

6. ¿No debió aplicarse en el caso en comento el criterio del caso Humala STC 01680-2009-PHC/TC, en el cual se establece responsabilidad funcional por demora en vez de expedirse una sentencia estimatoria?

Creemos que esta atingencia resulta el criterio argumentativo de mayor fortaleza respecto al contexto jurisprudencial exhibido en el caso Chacón Málaga. En el caso Antauro Humala[34] ya se había dispuesto que no resultaba una vulneración constitucional grave extender el plazo de investigación y por consiguiente, mantener la detención preventiva del procesado, por 36 meses más, en adición a los 36 que ya había sido detenido. Más aún, si en este caso no se validó una decisión estimatoria frente a un proceso de habeas corpus, que también cuestionaba la prolongación de una detención, y por otro lado, se determinó que correspondía una investigación por responsabilidad funcional a los magistrados encargados del proceso, ¿ por qué no se aplicó el mismo criterio del caso Humala a un caso que denotaba caracteres muy similares en tanto en el caso Chacón la pretensión igualmente denunciaba una infracción del plazo razonable?

En nuestra opinión, el precedente sentado por el caso Humala no ha sido observado en toda su extensión en el caso bajo comento y por el contrario, la línea jurisprudencial emitida en este caso, ha sido obviada en el caso que ahora nos ocupa.

 

V.II. STC 06079-2008-PHC TC. Caso Abanto Verástegui

El caso Abanto representa una posición aún más radical del supremo intérprete de la Norma Normarum, en tanto se trata de un habeas corpus fundado, respecto de un plazo de investigación que en conjunto era de un 1 año 9 nmeses. El criterio asumido por el Tribunal Constitucional[35], esta vez en el plano de actuaciones del Ministerio Público, es inclusive mucho más drástico en tanto que el plazo es mucho menor respecto al caso Chacón.

El Tribunal pondera que se ha configurado una trasgresión del principio de interdicción de la arbitrariedad en consideración al tiempo transcurrido de la investigación fiscal, el cual excede los márgenes temporales de investigación en comparación a los plazos que señala el Código Procesal Penal. Sin perjuicio de esta comparación, ¿era oportuna la formulación de un paralelo con relación a la norma procesal penal? No podemos contestar con certeza en tanto las investigaciones físcales no deberían exceder los plazos predeterminados por ley y sin embargo, dadas las condiciones de fuerza mayor que imponen las cuestiones fácticas en los procesos complejos, usualmente se rebasa- aunque ello no debería suceder-  los plazos aludidos.

De otro lado, no obra en esta sentencia mayor elemento de valoración respecto al supuesto de complejidad en tanto no se incluye en el análisis del caso, la pauta de que se trataba de una investigación a cargo de la Segunda Fiscalía Provincial Especializada en Criminalidad Organizada. Advirtamos, a este respecto, que los casos de criminalidad organizada involucran situaciones especialmente complejas, en tanto se trata de cuestiones en las cuales la delincuencia actúa bajo altos estándares de organización. En consecuencia, no podemos descartar prima facie que el plazo deba concluir, aunque es lo deseable, en las fechas que prefijan en modo taxativo las normas procedimentales.    

En esta línea de reflexión, sin embargo, merece ser destacado el voto en discordia de César Landa[36], para quien en vista de que el Ministerio Público no tiene potestades coercitivas respecto de la libertad personal de los investigados, no existe restricción manifiesta al derecho a la libertad personal. La posición de Landa guarda manifiesta coherencia argumentativa en la medida que es un aserto procedimental material que la potestad de imposición de restricciones a un derecho fundamental, le asiste en estricto al juez.

El Fiscal, en el nuevo modelo procesal penal, desarrolla un rol protagónico en cuanto dirige la investigación y emite las disposiciones de rigor para la materialización de la pretensión punitiva del Estado. Sin embargo, no está habilitado para efectivizar una medida coercitiva motu proprio, pues ésta necesariamente debe ser solicitada ante el juez. En consecuencia, ¿es determinante encontrarse sometido sine die a una investigación fiscal para la identificación de una vulneración manifiesta de la libertad personal? ¿No son acaso las diligencias del Ministerio Público solo actuaciones procesales cuyo fin es el ejercicio de una potestad  persecutoria que el Estado ha legitimado en el Fiscal? ¿O involucra un número excesivo de audiencias ante el representante de la legalidad una afectación sustancial del derecho fundamental al plazo razonable?   

Debemos convenir en que, constituyendo la coerción una medida procesal por parte del juez penal, no debería resultar estimable una pretensión constitucional por afectación al derecho al plazo razonable, y por el contrario, existen mecanismos de orden procedimental menos gravosos, siguiendo el antecedente del caso Humala, respecto a la propia responsabilidad funcional que se generaría, de ser el caso, por extender en modo indebida una investigación fiscal. En consecuencia, no deberíamos validar una afectación en sede fiscal en los mismos términos de la coerción que se impone ante el juzgador penal.    

VI. El plazo razonable en el ámbito interamericano

A nivel de instrumentos internacionales, la justicia supranacional ha delineado el concepto de plazo razonable[37] a través de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, específicamente en el caso Suárez Rosero[38], en claro intento de delimitación de los estándares del plazo razonable.

Un detalle de suma relevancia para los ordenamientos jurídicos nacionales es la vinculatoriedad de las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Corte IDH, esto es, el valor vinculante que alcanzan las decisiones de la Corte IDH resulta taxativo para todos los Estados conformantes del sistema interamericano de derechos humanos. Reviste así importancia que esa jurisprudencia fortalece los sistemas de decisiones de los Estados parte. Dicha jurisprudencia de la Corte va a conceptuar que los derechos de las víctimas no han sido elaborados en las normas sino que es el propio desarrollo jurisprudencial, y el criterio dinámico de interpretación, los factores que definen se aplique un nivel de progresividad en la defensa de los derechos de las personas.

El nivel de progresividad al que aludimos ha venido siendo construido por los estándares fijados por las decisiones de la Corte IDH y el caso Suárez Rosero v. Ecuador representa la exigencia de que es necesario advertir y por consiguiente argumentar los 3 componentes valorativos del plazo razonable, a efectos de establecer si un Estado parte violó el derecho de sus ciudadanos y si a mérito de ello, corresponde emitir decisión condenatoria.   

En el caso Suárez Rosero se produjo una afectación del plazo razonable al haberse producido una incomunicación por espacio de 36 días, supuesto que produjo la afectación del artículo 7.2 de la Convención Americana[39] de Derechos Humanos, en clara infracción del carácter excepcional de la medida de incomunicación. Ese estado de incomunicación ni siquiera le permitió a Suárez Rosero el patrocinio de un defensor público, de donde podemos inferir una grave afectación al derecho de defensa.

De otro lado, el afectado estuvo privado de su libertad por 3 años y 10 meses cuando la ley ecuatoriana establece un máximo de 2 años como pena para el delito de encubrimiento. Dicha situación resulta igualmente violatoria de la necesaria proporcionalidad entre delito y sanción, en la medida que ésta no puede sobrepasar el margen punitivo que contempla la ley para una conducta contraria a los bienes jurídicos que protege el Derecho Penal.

 

A modo de conclusión

La determinación del plazo razonable reviste complejidad en atención a la dificultad propia de definición de un estándar particular, al tiempo que no resulta aún de consenso común en la jurisprudencia constitucional.  

La razonabilidad en sí misma no puede implicar, dados sus márgenes de aceptabilidad y muchas veces de equidad, un escenario puntual que fije contextos taxativos. En tal sentido, la construcción de decisiones respecto a la materialización del plazo razonable, solo puede aludir a la observancia argumentativa de los estándares fijados por la jurisprudencia interamericana, de naturaleza vinculante para los ordenamientos nacionales así como a las decisiones que en sedes nacionales van fijando criterios rectores. Sin perjuicio de ello, dado el matiz de aceptabilidad que reviste una propuesta argumentativa de razonabilidad, creemos que existe un margen discrecional moderado para identificar cuándo un plazo es razonable.

Concluimos, entonces, con la advertencia de que la aplicación de los estándares sí resulta una exigencia argumentativa para todo intérprete de los derechos fundamentales, y más aún para los jueces constitucionales de los Estados. En tal sentido, deviene impostergable determinar, respecto a cada pretensión que involucre un examen del plazo razonable, los alcances de la complejidad del caso, de la actividad procesal de las partes y de la conducta de las autoridades judiciales. Es sobre dichos estándares de orden argumentativo que la decisión deberá ser construida.

No debemos soslayar, en ese mismo examen, que la fijación material, es decir cuantitativa, del plazo razonable, corresponde a una pauta procedimental ad casum, es decir dependerá de las circunstancias concurrentes de cada caso en particular. Esa dura tarea corresponde al intérprete jurídico, cuyas exigencias argumentativas en un Estado Constitucional, son aún mayores en la medida que constituye un imperativo categórico una adecuada, suficiente e idónea motivación de la decisión judicial.   

Ensayo publicado en GACETA CONSTITUCIONAL No. 27. Marzo 2010. Págs. 130-143. 


[1] Doctor en Derecho. Juez Superior Titular Lambayeque. Profesor Asociado Academia de la Magistratura.  Docente Area Constitucional Universidad San Martín de Porres, Filial Chiclayo. Becario Aula Iberoamericana, La Constitucionalidad de las Leyes, Cádiz, España, 2009. 

[2] GARCÍA ROCA, Javier. Sobre la teoría constitucional de Rudolf Smend,  a propósito del libro de Pablo Lucas Verdú: La lucha contra el positivismo jurídico en la República de Weimar. En Revista de Estudios Políticos (Nueva Época) Núm. 59. Enero-Marzo 1988 Pág. 275.  

[3] RECASENS SICHES, Luis. Filosofía del Derecho. Editorial Porrúa. S.A. México. 1954. 1ra edición. Pág. 644.

[4] PERELMAN, Chaim. “Le raissonnable et le deraissonable en Droit”. Librairie Genérale de Droit et de Jurisprudence. París. 1984. Pág. 11

[5] Exámenes de idoneidad, necesidad y ponderación en sentido estricto. Vid. STC 0045-2004-PI/TC caso PROFA y STC 007-2006-PI/TC caso Calle de las Pizzas

[6] Una de las figuras jurisprudenciales de mayor arraigo sobre control constitucional está representada por la STC 5854-2005-PA/TC caso Pedro Lizana Puelles, el cual representa la posición dogmática del Tribunal Constitucional respecto a la no existencia de espacios exentos de control. En dicho caso, el Jurado Nacional de Elecciones JNE  invocaba la irrevisabilidad de sus decisiones en materia electoral en estricta sujeción del artículo 142 de la Constitución. Desde una interpretación estrictamente literal, la irrevisabilidad significaba una autonomía en sentido absoluto. El Tribunal Constitucional fundamentó una posición en contrario, al sustentar que no podían existir espacios exentos de control en un Estado Constitucional y que la  concurrencia de los principios de interpretación constitucional, entre ellos los de unidad de la Constitución y de concordancia práctica, permitían una lectura distinta del artículo 142 de la Carta Magna. En ese orden de ideas, sí eran revisables las decisiones del JNE si se producía, en una decisión del organismo electoral, la vulneración de un derecho fundamental.  

[7] HESSE, Konrad. Escritos de Derecho Constitucional. Traducción de Pedro Cruz Villalón. 2da. Ed. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1992. Pág. 45-47.

[8] En vía de ejemplo, ¿cómo dirimir en el caso de una urgente transfusión de sangre de una persona accidentada, el derecho a la vida frente al derecho a una convicción religiosa en la cual adquiere calidad de dogma la no transfusión? ¿puede la norma regular el derecho a la vida en estricto? ¿o acaso podemos establecer un silogismo jurídico respecto al derecho fundamental a la convicción religiosa?

[9] CARPIZO Jorge. El Tribunal Constitucional y sus límites. Lima, 2009. Pág. 57

[10] BACHOF, Otto. Nuevas reflexiones sobre la jurisdicción constitucional entre derecho y política en Boletín Mexicano de Derecho Comparado. Año XIX, núm. 57, UNAM- Instituto de Investigaciones Jurídicas, México, 1986. Pág. 844.

[11] “Sin derechos del hombre reconocidos y protegidos no hay democracia; sin democracia no se dan las condiciones mínimas para la solución pacífica de los conflictos”. Páginas VII a VIII de la introducción a L’età dei diritti. Estado, gobierno y sociedad: por una Teoría General de la Política (1985)

[12] Asumida por el Poder Judicial en el sentido de que se suele entender que la justicia constitucional es potestativa solo del Tribunal Constitucional así como que se desconoce el rol de los jueces de la justicia constitucional, quienes también conocen  de los procesos constitucionales en su fase inicial.

[13] A través de los procesos constitucionales de amparo contra resoluciones judiciales.

[14] A juicio nuestro, el contenido constitucionalmente protegido del derecho fundamental al plazo razonable es determinado desde la satisfacción de examen de los tres requisitos señalados.

[15] STC 3509-2009-PHC/TC caso Chacón Málaga. El Tribunal Constitucional finalmente declaró fundada en parte la demande de habeas corpus, por haberse acreditado la vulneración del derecho al plazo razonable y dispuso que la Sala Penal emplazada excluya al demandante del proceso penal que se le seguía por la presunta comisión del delito de enriquecimiento ilícito.

[16] STC 01680-2009-PHC/TC F.J. 14 Caso Antauro Humala

[17] STC. 3509-2009-PHC/TC F.J. 20

La determinación de si se violó o no su contenido constitucionalmente protegido es un tema que solo puede obtenerse a partir del análisis de los siguientes criterios: a) la actividad procesal del interesado; b) la conducta de las autoridades judiciales, y c) la complejidad del asunto; los cuales fueron establecidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en los casos Genie Lacayo y Suárez Rosero al analizar el tema del plazo razonable del proceso (…) 

[18] STC. 3509-2009-PHC/TC F.J. 29.

En tal sentido, el presente proceso lleva a la fecha de expedición de la presente sentencia, un total de ocho años, diez meses y veinte días. Seguidamente se procederá a analizar dicho plazo, que prima facie se advierte excesivo, sobre la base de los ya criterios materiales de análisis; a saber: complejidad del asunto, actuación del órgano jurisdiccional, conducta procesal de las partes.  

[19] Mensaje del Presidente del Poder Judicial Dr. Javier Villa Stein, en la Ceremonia de Apertura del Año Judicial, enero 2010:

El fenómeno de los procesos constitucionales contra las resoluciones judiciales ha adquirido una expansión inusitada y, ciertamente, lesiva  y peligrosa a los valores que expresa la jurisdicción. La vigencia de los derechos fundamentales  no está en discusión ni su expresión jurisdiccional. Lo está, la tergiversación de sus alcances, cuando se pretende impugnar, como si éstos fueren medios de impugnación ordinarios o extraordinarios, resoluciones que han caído en autoridad de cosa juzgada, de modo y manera que fallos de la naturaleza que sean, podrían ser recurribles al Tribunal Constitucional corriendo el riesgo que 3 vocales de 7 que conforman su Colegiado, resuelvan sustituyéndose al Poder Judicial y a la Corte Suprema en definitiva, en grave colisión con el orden democrático y constitucional.

[20] STC. 3509-2009-PHC/TC F.J. 21

Dicha determinación ha sido acogida por el Tribunal Constitucional quien ha expresado en la sentencia recaída en el caso Berrocal Prudencio (Expediente N.°. 2915-2004-HC/TC), que: “…para valorar la complejidad de un  caso es menester tomar en consideración factores tales como la naturaleza y gravedad del delito, los hechos investigados, los alcances de la actividad probatoria para el esclarecimiento de los eventos, la pluralidad de agraviados o inculpados, o algún otro elemento que permita concluir, con un alto grado de objetividad, que la dilucidación de una determinada causa resulta particularmente complicada y difícil…”.

Conviene acotar de nuestra parte que los estándares antes fijados, constituyen aportes desarrollados por la propia jurisprudencia constitucional peruana hacia el año 2004, en congruencia con las líneas directrices que señala el caso Suárez Rosero, de fecha 12 de noviembre de 1997.  

[21] STC. 3509-2009-PHC/TC F.J. 24

(…) Podría  merituarse como defensa obstruccionista todas  aquellas conductas intencionalmente dirigidas a obstaculizar la celeridad del proceso, sea la interposición de recursos que, desde su origen y de manera manifiesta, se encontraban condenados a la desestimación, sea las constantes y premeditadas faltas a la verdad que desvíen el adecuado curso de las investigaciones, entre otros. En todo caso, corresponde al juez penal demostrar la conducta obstruccionista del procesado.

[22] STC. 3509-2009-PHC/TC F.J. 26

§ Dimensiones de la infracción del derecho al plazo razonable del proceso penal

Por su parte, las dilaciones procesales atribuibles al propio órgano jurisdiccional pueden consistir en la omisión de resolver dentro de los plazos previstos en las leyes procesales, comportamiento que proviene de la pasividad o inactividad del órgano judicial lo que deviene en una demora o retardo del proceso (Cfr. Exp. 6390-2006-AA/TC. Caso: Margarita del Campo Vegas. FJ. Nº 7: Omisión de pronunciamiento del Tribunal de honor; Exp. 549-2004-HC/TC. Caso: Manuel Rubén Moura García. FJ. Nº 1: Omisión de expedición de sentencia; Exp. Nº 3771-2004-HC/TC. Caso: Miguel Cornelio Sánchez Calderón. FJ. Nº 1: Omisión de expedición de sentencia).

[23] STC. 3509-2009-PHC/TC. F.J. 33.

§ La protección del plazo razonable y sus consecuencias

Habiéndose advertido en el presente caso que se ha producido una vulneración del derecho al plazo razonable del proceso, corresponde ahora determinar cuál es la consecuencia que se desprende de dicha estimatoria. Al respecto, no deberá perderse de vista en ningún momento la finalidad que inspira a los procesos constitucionales de la libertad, esto es “… proteger los derechos constitucionales, reponiendo las cosas al estado anterior a la violación o amenaza de violación de un derecho constitucional…”. En este sentido, la solución a la que se arribe deberá expresar consecuencias jurídicas concretas en la situación del recurrente.  

[24] Ideele-mail. 622, de fecha 01 de diciembre de 2009.

[25] 270 sesiones de juicio oral y 159 cuadernos o tomos y la ampliación de la instrucción hasta en 5 oportunidades. Adicionalmente, el debate pericial duró desde enero hasta setiembre de 2008. De igual forma, el proceso se inició con 35 imputados y sin embargo, luego se produjeron hasta dos desacumulaciones. La primera desacumulación se produjo en el año 2007. En el proceso materia de comentario fueron procesados Walter Chacón Málaga y otros cuatro coprocesados. Finalmente, La lectura de piezas demoró 6 meses de sesiones.

[26] Cohecho propio y encubrimiento real

[27] De la denuncia fiscal, del auto de apertura de instrucción, del auto ampliatorio de instrucción, de la acusación fiscal y el auto de enjuiciamiento. 

[28] Que en sede penal constitucional es igualmente aplicable. Vid. STC 6712-2005-PHC/TC caso Magaly Medina. F.J. 40 a 51.

[29] Código Procesal Constitucional. Título Preliminar. Artículo III.- Principios Procesales

(…) el Juez y el Tribunal Constitucional deben adecuar la exigencia de las formalidades previstas en este Código al logro de los fines de los procesos constitucionales.

Los alcances del principio de elasticidad constituyen aún un tema de marcadas posiciones de diferencia en el Derecho Constitucional, en la medida que su aplicación ha concitado diversas manifestaciones respecto a las potestades de los jueces constitucionales en la dilucidación de controversias que reclaman la tutela urgente de derechos fundamentales. Así encontramos una posición sólida que aporta el argumento de la necesaria congruencia procesal entre la pretensión propuesta y la respuesta del juzgador frente al petitorio planteado, hasta la determinación de una nueva propuesta en el sentido de resolver los conflictos bajo cánones que superan el tema de la congruencia procesal en su versión clásica, para responder, bajo la premisa de la aplicación del enunciado constitucional de la tutela urgente, a las pretensiones sobre derechos fundamentales, invocando inclusive las líneas jurisprudenciales del principio de elasticidad.

[30] La Primera Sala Penal Especial de la Corte de Lima condenó a cuatro años de prisión suspendida a los familiares del ex general EP Walter Chacón por el delito de complicidad en enriquecimiento ilícito y corrupción de funcionarios, además del pago de 3 millones de soles por concepto de reparación civil a favor del Estado peruano.

[31] Vid. 25. La defensa no podía ser restringida, ello en acatamiento de mandatos constitucionales. Sin embargo, la lectura de piezas por espacio de 6 meses, sí resultaba contraria a los fines de una justicia célere.   

[32] R.N. 4674-2005. Lima, Sala Penal Permanente. Citado en Ideele-mail. 622, de fecha 01 de diciembre de 2009.

[33] La interrogante tiene sentido pues de alguna forma, debería ponderarse un plazo por cierto extenso para que finalmente sea estimada una acción constitucional.

[34] STC 01680-2009-PHC/TC F.J. 14 Caso Humala

La ley exige para todos los casos de decisiones sustanciales que el juzgador cumpla con los plazos que ella señala. Así, para la calificación de una demanda como para la expedición de la sentencia en la que concluye el proceso, es indudable que el juzgador debiera cumplir los plazos contemplados en la ley; pero, por diversas razones, especialmente la enorme carga procesal, no le resulta al juez posible humanamente el cumplimiento riguroso del mandato legal. Nos preguntamos entonces ¿será procedente sancionar con la nulidad la decisión jurisdiccional tardía con el único sustento de su tardanza. Evidentemente no cabe esta invalidación porque, como ya se ha dicho, esa decisión ha cumplido su finalidad aunque con tardanza en su emisión y por tanto ha generado efectos jurídicos de diverso orden, tales como el propio cuestionamiento materia de autos y que resulta infundado. La jurisprudencia y la doctrina vienen señalando que, en todo caso, de ser cierta la afirmación, podría pedirse no la nulidad de la resolución por su demora sino la sanción disciplinaria al juez por el tardío cumplimiento de su deber.

[35] STC 06079-2008-PHC/TC F.J. 7

Este Colegiado estima que en el presente caso el principio de interdicción de la arbitrariedad se ha vulnerado, debido a que el plazo de investigación preliminar resulta irrazonable, pues desde el 7 de febrero de 2008 hasta la fecha no ha concluido la investigación seguida contra el demandante, lo cual, si estuviera vigente el nuevo Código Procesal Penal, contravendría su artículo 342º(…)  que señala que “El plazo de la Investigación Preparatoria es de ciento veinte días naturales. Sólo por causas justificadas, dictando la Disposición correspondiente, el Fiscal podrá prorrogarla por única vez hasta por un máximo de sesenta días naturales” y que “Tratándose de investigaciones complejas, el plazo de la Investigación Preparatoria es de ocho meses. La prórroga por igual plazo debe concederla el Juez de la Investigación Preparatoria.

[36] STC 06079-2008-PHC/TC Voto en discordia César Landa F.J. 5

(…) es preciso señalar que el TC ha sostenido en reiterada jurisprudencia que los actos del Ministerio Público dentro de la etapa de investigación preliminar no inciden, en principio, en la libertad individual de los ciudadanos, toda vez que dicha entidad no se encuentra investida de la potestad para dictar medidas coercitivas como la comparecencia o la detención privativa, las cuales más bien son propias de la actividad jurisdiccional [Cfr. STC Exp. Nº 6167-2005-HC/TC, caso Cantuarias Salaverry, fundamento 36]. 

[37] Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Artículo 3, inciso c:

Durante el proceso, toda persona acusada de un delito tendrá derecho, en plena igualdad, a las siguientes garantías mínimas… c) A ser juzgado sin dilaciones indebidas”.

Convención Americana de Derechos Humanos Artículo 8°, inciso 1:

“Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella, o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter”.

[38] Jurisprudencia Corte IDH caso Suárez Rosero v. Ecuador F.J. 72. 12 de noviembre de 1997

Esta Corte comparte el criterio de la Corte Europea de Derechos Humanos, la cual ha analizado en varios fallos el concepto de plazo razonable y ha dicho que se debe tomar en cuenta tres elementos para determinar la razonabilidad del plazo en el cual se desarrolla el proceso: a) la complejidad del asunto, b) la actividad procesal del interesado y c) la conducta de las autoridades judiciales (cf. Caso Genie Lacayo, 23 Sentencia de 29 de enero de 1997. Serie C No. 30, párr 77; y Eur. Court H.R., Motta judgment of 19 February 1991, Series A No. 195-A, párr. 30; Eur. Court H.R., Ruiz Mateos v. Spain Judgment of 23 June 1993, Series A No. 262, párr. 30).

 [39] Artículo 7.  Derecho a la Libertad Personal (…)

 2. Nadie puede ser privado de su libertad física, salvo por las causas y en las condiciones fijadas de antemano por las Constituciones Políticas de los Estados Partes o por las leyes dictadas conforme a ellas.

One comment

  1. Excelente ensayo me servirá de mucho, mañana tengo examen sobre el Plazo razonable que Dios le bendiga distinguido Dr.Figueroa



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