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Las falacias argumentativas. Artículo

30 junio, 2016

LAS FALACIAS ARGUMENTATIVAS

 

 

Siendo una falacia sinónimo de engaño, es ajeno a la buena argumentación construir malos o defectuosos argumentos pues indefectiblemente ellos han de conducir a conclusiones equivocadas y por ende, se denegará justicia cuando una pretensión sí merece ser estimada. 

¿Qué es una falacia? García Damborenea[1] refiere que “los argumentos sirven, como sabemos, para sostener la verdad (verosimilitud, conveniencia) de una conclusión. Con frecuencia, sin embargo, los construimos mal, con lo que su finalidad no se alcanza. También con frecuencia, empleamos argumentos aparentes con el fin de engañar, distraer al adversario o descalificarlo. A todas las formas de argumentación que encierran errores o persiguen fines espurios, los llamamos falacias. El término procede del latín fallatia, que significa engaño, y lo empleamos como sinónimo de sofisma, palabra que acuñaron los griegos para designar el argumento engañoso. 

Weston[2] señala como definición respecto a este mismo término “las falacias son errores, errores en los argumentos. Muchas de ellas son tan tentadoras, y por lo tanto tan comunes, que incluso tienen sus propios nombres. Esto puede hacerlas parecer como un tema nuevo y separado. Sin embargo, efectivamente, llamar a algo una falacia normalmente es sólo otra manera de decir que viola una de las reglas de los buenos argumentos”.

 

Tipos de falacias 

Ad hominem: representa un ataque a la persona y no a los argumentos. García Damborenea[3] precisa: “se llama así todo mal argumento que, en lugar de refutar las afirmaciones de un adversario, intenta descalificarlo personalmente. Consiste, por ejemplo, en negar la razón a una persona alegando que es fea. Al describir a un oponente como estúpido, poco fiable, lleno de contradicciones o de prejuicios, se pretende que guarde silencio o, por lo menos, que pierda su credibilidad.”

Petición de principio. García Damborena[4] indica: “Utiliza como premisa lo mismo que dice la conclusión (…) ¿Por qué lleva un nombre tan raro? Es la versión latina de una idea de Aristóteles: petere id quod demonstrandum in principio propositum est, que (usted perdone por la agresión) significa: afirmar aquello que se debe demostrar. ¿Por qué conservamos esta denominación? porque es en la que nos entendemos todos: pétition de principe dicen en Francia, petitio principii o begging the question en Norteamérica. La idea es que el principio (garantía) de una demostración no puede apoyarse en la conclusión. Una cosa no puede ser probada por sí misma. En todo raciocinio, lo que sirve de fundamento debe ser más claro y conocido que lo que se quiere probar. Por eso la falacia consiste en postular o sentar aquello mismo que es preciso demostrar (Aristóteles: Tópicos VIII, 162b, 35). 

Weston[5] argumenta a este respecto: “Petición de principio petitio principii—. Usar de un modo implícito la conclusión como una premisa.”

Non sequitur: García Damborenea[6] brinda la siguiente definición: “Falacias del NON SEQUITUR (no se sigue) o de la conclusión equivocada. Denominación genérica para todos los argumentos en que la conclusión no se sigue de las premisas. (…) La forma más frecuente de esta falacia la ofrecen las deducciones incorrectas. “

Weston[7] señala que esta falacia se presenta al Extraer una conclusión que «no se sigue». Por ejemplo: una conclusión que no es una inferencia razonable de una prueba. Término muy general para denominar un mal argumento. Trate de resolver concretamente que es lo que (supuestamente) está mal con el argumento.” 

Ad ignorantium: García Damborenea[8] refiere: “Llamó Locke argumento ad ignorantiam al que se apoya en la incapacidad de responder por parte del adversario. El proponente estima que su afirmación es admisible – aunque no la pruebe- si nadie puede encontrar un argumento que la refute.”  Weston señala al respecto[9]: Ad ignorantiam (apelar a la ignorancia) (es) argüir que una afirmación es verdadera solamente porque no se ha demostrado que es falsa.” 

De generalización precipitada: García Damborenea[10] explica: “Surge este sofisma cuando se generaliza a partir de casos que son insuficientes o poco representativos.” 

Las falacias destruyen, como podemos observar, la propuesta de una buena argumentación y de manera complementaria, deslegitiman la propuesta del intérprete si éste no construye adecuadamente sus argumentos. Un ámbito complejo de las falacias reside en que muchas veces tienen apariencia de verdad y sin embargo, sus carencias de construcción revelan que se trata de malos argumentos.

[1] GARCÍA DAMBORENEA. DICCIONARIO DE FALACIAS. En http://www.usoderazon.com/. Visitado con fecha 26 de mayo de 2016.

[2] WESTON, Anthony. Las claves de la argumentación. Ariel. Barcelona, 2001. p.  53.

[3] GARCÍA DAMBORENEA. Op cit.

[4] GARCÍA DAMBORENEA. Op cit.

[5] WESTON, Anthony. Op cit. p. 57

[6] GARCÍA DAMBORENEA. Op cit.

[7] WESTON, Anthony. Op cit. p. 56

[8] GARCÍA DAMBORENEA. Op cit.

[9] WESTON, Anthony. Op cit. p. 54.

[10] GARCÍA DAMBORENEA. Op cit.

Edwin Figueroa Gutarra

Doctor en Derecho

Publicado en JURÍDICA 601, El Peruano, 14 de junio de 2016

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