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Rol del juez constitucional en el marco del ordenamiento jurídico. Artículo

22 julio, 2014

 

ROL DEL JUEZ CONSTITUCIONAL EN EL MARCO DEL ORDENAMIENTO JURÍDICO

 

Desde la tragedia de Antígona desafiando la autoridad del Rey Creonte[1] y desde la misma aceptación de Sócrates para recibir la injusta sanción de beber la cicuta por haber supuestamente envenenado las mentes de la juventud ateniense con sus ideas,[2] escenarios de esa misma naturaleza nos refieren una visión del respeto por las normas del legislador positivo. 

La idea de Bobbio[3] del ordenamiento jurídico en la visión perfecta de un haz de caracteres como la unidad, la coherencia y la plenitud. [4] Ciertamente la noción primera identifica la posición de Montesquieu respecto de la separación de poderes, uno de los cuales- el Poder Judicial- era esencialmente nulo pues su competencia solo residía en la aplicación de la ley. Y era tal esa visión de mera aplicación que los jueces, en esa perspectiva, solo eran identificados como seres inanimados y hasta inertes en su reflexión, pues solo eran aplicadores de la ley, sin mayor función que la de administrar justicia desde los verbos rectores de la norma, sin atribución alguna de interpretarla pues ella era palabra del legislador.     

La idea de Montesquieu, muy fuerte en la Francia del siglo XIX, se ceñía pues a una concepción del derecho como enteramente artificial. Y efectivamente, si el derecho era artificial en el sentido de que la ley existía por voluntad del legislador, en definitiva no era viable que se configurara una figura distinta a la aplicación de la ley pues ése no era el rol del juez. 

Por tanto, en esa visión de aplicación mecánica, en la misma característica de transposición del logos matemático al derecho que enuncia Recasens Siches al analizar la Francia revolucionaria del siglo XIX,[5] al juez no le competía otra tarea que ser meramente aplicador de la norma, e inclusive se arriesgaba a ir a prisión si pretendía “insubordinarse” frente al legislador. 

En esa mecánica de razonamiento, el juez era un aplicador de la ley y bien podríamos referirnos a este juez como un referente de antigua raigambre respecto al juez kelseniano que a su vez identificaba la sola expresión del derecho positivo como consecución del razonamiento respecto a la norma, sin más atribución de roles que identificar los elementos fácticos del problema para subsumirlos en el enunciado normativo que la regla como tal representaba. 

Lo antes esbozado, idóneo en un escenario positivista, pudo mantenerse como tesis aplicativa desde la dimensión enteramente artificial del Derecho en un sentido meramente silogístico y subsuntivo. 

Sin embargo, escenarios como los de las grandes conflagraciones del siglo XX, plantearon una seria disyuntiva:¿ no eran los modelos de Estado de Derecho de entonces y su visión del Rule of Law, Etat de Lois, o Rechtstaat,[6] una figura deficiente que no impidió un resultado tan siniestro como la pérdida de tantas vidas humanas? ¿O a su turno estos modelos denotaban mas bien un matiz de insuficiencia que condujo a preocupantes vacíos en el derecho y que fueron a su vez aprovechados por ideologías belicistas, como la maquinaria nazi, que súbitamente lograron el poder?   

Nos explicamos: es en el complejo marco de los modelos de Estado de Derecho que el desarrollo de los derechos fundamentales- los cuales inician una acalorada fiebre de crecimiento material en muchas Constituciones desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial- comienza a denotar una idea fuerza ciertamente cognoscible: las normas hasta entonces existentes antes que deficientes fueron insuficientes para explicar tantos escenarios complejos en relación al no respeto de derechos fundamentales básicos como el derecho a la vida, a la libertad individual y otros tantos derechos inalienables del ser humano. 

Fueron las normas insuficientes y no deficientes para aspirar a una solución a estas complejas cuestiones humanas en tanto es propio partamos de una presunción muy prima facie de constitucionalidad de la norma. Es aquí donde el legislador goza de una confianza ex ante en el perfeccionamiento de la norma jurídica, mas observemos que el complejo mundo de las relaciones jurídicas, tan variado en sus contenidos y consecuencias, bien consolida que la norma tienda a satisfacer una realidad jurídica determinada que exige repuesta, o bien que devenga en propiedad insuficiente, en cuanto no puede regular todos los supuestos de la realidad, y por tanto, presenta un escenario de insuficiencia frente al cual la respuesta del Derecho Constitucional es la de un efecto de integración permanente de los vacíos que la insuficiencia acusa, más aún si se trata de derechos fundamentales.

En consecuencia, la justicia constitucional satisface en ese rol integrador esa exigencia de realidad que las normas deben trasuntar pues completan los jueces constitucionales aquellos contenidos que aquellas no están en posición de manifestar, constituyendo así el ethos y el pathos de la justicia constitucional.

Edwin Figueroa Gutarra

Doctor en Derecho

Publicado en JURIDICA 508, El Peruano, 17 de junio de 2014

 

[1] Tragedia de Sófocles, proyectada hacia el año 442 A.C. Al recoger Antígona el cuerpo de Polinices, cuyo cuerpo no podía ser enterrado por supuesta traición, desafía la autoridad del Rey Creonte. La dicotomía de esta tragedia rescata, en mucho, la dualidad entre la orden del Rey, aunque ciertamente ilegítima, y el deber moral nacido del vínculo familiar entre Antígona y Polinices. Antígona es finalmente condenada a muerte. Esta tragedia grafica el desobedecimiento a la ley aunque bajo un imperativo moral. 

[2] Platón narra en su Apología de Sócrates que pudo evitar el condenado la sentencia de muerte impuesta pero en señal de acatamiento, Sócrates acepta la pena impuesta. Esta figura debe contextualizarse en el sentido esbozado por Sócrates pues si las leyes de una Ciudad Estado no son obedecidas, y por ende no se acatan las decisiones de los jueces (360 jurados votaron por la pena de muerte y 141 por una multa), entonces no hay Ciudad Estado. 

[3] BOBBIO, Norberto. Teoría del Ordenamiento Jurídico, 1960. En Introducción al Derecho de José Luis del Hierro. Editorial Síntesis, Madrid, 1997. p. 95. 

[4] Esta noción de Bobbio indica que en un ordenamiento no pueden normas dispersas con sus propios contenidos y por tanto, se traducen en una sola unidad; a su turno, no pueden haber incompatibilidades diversas o antinomias sino todas deben solucionarse para un esquema de coherencia; finalmente, tampoco hay lagunas definitivas, imponiéndose la idea de colmar las mismas, configurándose un carácter de plenitud

[5] Cfr. RECASENS SICHES, Luis.  La concepción mecánica de la función jurisdiccional, especialmente en Francia y otros países latinos durante el siglo XIX,  extraído de Nueva Filosofía de la interpretación del derecho, México, Ed. Porrúa S.A., 1980. p. 190. 

[6] Vid. GROTE, Rainer. Rule of Law, Rechtstaat, y État de Droit. Materiales de enseñanza 2010. Teoría constitucional. Universidad Pedro Ruiz Gallo. Lambayeque.

Enlace PDF: http://www.elperuano.pe/Edicion/suplementosflipping/juridica/508/files/juridica508.pdf

 

 

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